Una labor social y cultural que cumple 30 años

En el año 1988 creó la empresa familiar Casa Musical Amadeus, luego Amadeus Real Musical de Colombia, para ofrecer al público partituras, instrumentos, accesorios e insumos musicales. Incurrió en la realización de eventos culturales como Maestros al Clavinova, Piano a 4 Manos, Concurso de Piano Petrof, entre otros, en una ciudad que, para aquel entonces, carecía de una nutrida vida cultural y estaba inmersa en una época de cruda violencia que se apoderó de la ciudad.

Subía a los barrios más golpeados, con un televisor y un betamax, para hacer Charlas de Apreciación Musical, tratando de desviar la atención a las balaceras y a veces masacres que ocurrían en las calles. En ese entonces, había dos comunas enfrentadas, Aranjuez y Castilla, los programas del gobierno no llegaban a estos territorios y mucho menos la cultura.

En medio de esta realidad, logró realizar su primer Concierto masivo, Feliz Navidad Antioquia, con el objetivo de comenzar un diálogo entre las partes; participaron cientos de músicos, coros y agrupaciones. La asistencia fue masiva; era la primera vez que un evento de esta categoría y magnitud sucedía en las “Comunas”, y allí, el hallazgo fue extraordinario.

Brotaron los seres más extraordinarios, inteligentes, astutos, talentosos, trabajadores, luchadores, deseosos de progreso, capaces de los más altos sacrificios, y dotados de una ingenuidad maravillosa; solo eran pobres por las circunstancias, pero ricos en todo lo demás.

Juangui, con este panorama, aterrizó en la conclusión de que lo que se creía era un problema cultural, por la falta de financiación y de público, era más bien un problema social. Luego, pensó que la música, con su inmenso poder, podría involucrarse y liderar un proceso social, de manera que la música clásica y la formación musical no fuera una imposición de modelos europeos y otros países desarrollados, sino el resultado cultural de un proceso social. Algo bastante optimista.

Con el firme propósito de acercar la música a las comunidades y cerrar las brechas sociales, entre una ciudad desarrollada y los barrios marginados, crea en 1993 El Momento de la Música, un espacio en el Parque de Banderas de Medellín en el que se proyectaban video conciertos al aire libre, sin protocolos, para todos los públicos y con entrada libre.

Con la creación de la primera Escuela de Música Amadeus en 1994, y con ella diversos programas de extensión pedagógica, con invitados nacionales e internacionales, intenta otras maneras de enseñanza de la música  por medio del piano, instrumentos de cuerda, viento y coro; desarrolló múltiples eventos que no solo nutrieron la agenda cultural de Medellín, también impulsaron a las comunidades menos favorecidas a participar activamente en la vida cultural de la ciudad.

Esperanzado, Juangui decide en 1996 comenzar una nueva aventura llamada la Red de Escuelas de Música de Medellín. Con un grupo de jóvenes músicos y profesores y la financiación del Municipio de Medellín, nació este Programa que hoy en día cuenta con 26 escuelas ubicadas en distintos barrios.

Desde el inicio, el Programa debía ser gratuito y ofrecer formación musical con instrumentos sinfónicos para poder conformar después orquestas sinfónicas infantiles y juveniles, coros y solistas, dando paso a una gran revolución juvenil y cultural, producto de una profunda transformación humana y social. (Conoce más de esta maravillosa historia y algunos momentos de su trayectoria) (Botón que lleve a historia y botón que lleve a trayectoria) Así inició una de las historias más importantes de esta ciudad. Miles de niños y jóvenes han asistido a estas escuelas, a la fecha podrían ser más de 25,000.

Con las primeras clases, Juangui puso en marcha la conformación de grupos musicales hasta llegar en 1998 a la formación de las primeras orquestas sinfónicas y coros con el apoyo del amigo y maestro Rubén Cova, uno de los fundadores del Sistema de Venezuela y por supuesto todo el equipo de talentosos profesores.

Los primeros resultados se lograron en un tiempo récord; se crearon las primeras orquestas sinfónicas y coros integrados por niños y jóvenes de distintos barrios de Medellín, algo histórico.

En poco tiempo llegaron grandes oportunidades de giras, conciertos y grabación de conciertos y programas de televisión a nivel nacional e internacional. Esta nueva historia para Medellín comenzó a dar a luz otros referentes sociales para las nuevas generaciones. La música caló en los hogares, en las actividades familiares, en los nuevos sueños de los miles de integrantes del Programa; surgieron así otros ideales, la voluntad de salir adelante, de abrir caminos de esperanza y de desarrollo, en manos de una nueva niñez y juventud.

Desde entonces, se han renovado las orquestas sinfónicas en Medellín con jóvenes talentosos, entregados y llenos de una energía especial; otros migraron al exterior y se desempeñan como músicos profesionales e íntegros en varias ciudades de Europa y otros países.

Lo más interesante es que aquellos que no eligieron la música como profesión, se han encargado de replicar esta semilla en otras áreas de trabajo en las que han demostrado ser personas honestas, trabajadoras y responsables.

Juangui continua su labor social y cultural, creyendo en el inmenso potencial de los barrios, las capacidades de los niños para reescribir la historia y convertirse en ciudadanos ejemplares del mundo.

Sigue y seguirá desplegando un propósito humano para tocar el alma de los niños, con Música y Espíritu.