¡Gracias a la Música!

¡Gracias a la Música!

Jugando a muy temprana edad en mi casa encontré unos discos de acetato que había dejado mi papá antes de morir, como no sabía leer no sabía lo que decían sus carátulas pero sí identificaba las melodías cuando mi mamá o mi hermana Lucre los ponían en el tocadiscos. Se trataba de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi y de unas Zarzuelas, así fue apareciendo el gnomo de la música en mi vida.

Un poco después apareció el Concierto de Aranjuez, algo de Mozart, Rachmaninov, Chopin y Beethoven que escuchaban amigos de mi hermana cuando visitaban la casa; también habían obras corales interpretadas por un coro al que ella pertenecía, y por fin un disco que le regalaron de música rusa donde estaban ocultas Las Danzas Polovtsianas de Borodín, recuerdo quedarme extasiado ante su belleza.

Fui un niño privilegiado, en medio de la pobreza y necesidades de esa época tenía la riqueza de la música y no lo sabía, era muy temprano también para saber cuál era el sentido de ese encuentro.

Nunca me vi haciendo música, no porque no quisiera, sino porque desde muy pequeño comencé a trabajar y me habían puesto muy claras las prioridades, eran épocas muy difíciles, de muchas necesidades y había que ayudar en la casa. Nunca supe si fue esta condición o si fue una coincidencia pero cada vez que trataba de estudiar música algo pasaba y tenía que suspender, hasta el punto en el que me sentía muy apenado con todos los que trataron de ayudarme en ese afán.

Canté en un coro infantil, intenté el violín, la guitarra, la flauta traversa, por fin llegó el piano, pero también llegaron más desafíos, más razones por las que había que suspender, aplazar, a veces con una tristeza infinita, pero nunca dejé de escuchar música. Recuerdo que con mi primer salario de lavaplatos en Nueva York, a mis 16 años, me compré el disco de la Sonata Claro de Luna de Beethoven y la escuchaba en silencio, quietecito, con las luces apagadas, así acortaba de alguna manera la distancia y la ausencia que a veces me embriagaba.

La música, además de seducirme, de hipnotizarme, a veces de perseguirme y otras veces de escaparse de mí, ha estado siempre en mi vida, y si bien no me permitió ser uno más de sus intérpretes, como yo tal vez lo hubiera deseado, me enseñó a interpretar su poder y don de transformación humana y a ponerme a su servicio para tocar otras vidas, que cuando miro hacia atrás son otras vidas muy parecidas a la mía, solo que algunas tienen otras angustias y necesidades, grandes vacíos y un doloroso abandono.

La música se escapó de mi alcance, entonces aprendí otras artes y me volví un buen rebuscador. Luego la música volvió a aparecer, una de sus tantas veces, pero esta vez para indicarme que la tarea ahora debía ser social y humana.

Había que unir la capacidad de gestión aprendida con el amor por la música y hacer una labor humana, no quedarnos solo en los sonidos perfectos y en el arte depurado sino en la capacidad que tiene la música para tocar vidas, para sensibilizar con sus sonidos y vibraciones, y para abrir espacios de reflexión donde podemos acompañar a los niños en un proceso de superación personal, de fortaleza, de crecimiento.

Enfatizar en una tarea que pueda ayudar a cada niño y a cada joven a sentirse capaz de enfrentar cualquier adversidad en su vida, donde prime su desarrollo humano para que la música pueda por fin tener un lugar en él, y aferrarse a ese instrumento que lo acompañará toda la vida y le dará el don de tocar a miles a lo largo del camino.

Hoy escucho a muchos niños y jóvenes tocar las obras que escuché en mi infancia, tiempos en que  no habían orquestas de niños, ellos descubrieron estas obras con un instrumento en la mano, y pareciera que no ha pasado el tiempo, que el milagro es el mismo, puedo ver su fascinación y cómo la música encuentra un lugar en sus corazones.

Me tomó mucho tiempo entender que mi función con la música era facilitar ese encuentro maravilloso entre los niños, que la música fuera un privilegio de miles, de los menos privilegiados, y que ese encuentro no fuera solo para hacer música sino para transformar vidas.

Los sonidos de mi infancia los interpretan ahora miles de corazones que laten al unísono, con otra intensidad; un ritmo que mantiene mi pulso, mi empeño y mi compromiso con una labor que no cambio por nada en el mundo.

¡Gracias a la Música!

 

 

Homenaje al Maestro Rodolfo Pérez González

Homenaje al Maestro Rodolfo Pérez González

Maestro, compositor, amigo, músico, historiador, inspirador, visionario, investigador, director, escritor, dibujante, me quedo corto en los títulos y capacidades del maestro Rodolfo, quien se dio a la tarea de prepararme muy bien para entender la situación de la música en Medellín y las dificultades para el desarrollo del arte en la ciudad.

Era la segunda mitad de los años ochenta, pasábamos mucho tiempo hablando sobre música y el movimiento en Medellín. Me transportaba e impresionaba al escuchar su sencillez y su hablar paisa, con esa elocuencia que lo caracteriza, donde caben las historias llenas de anécdotas finamente entrelazadas con acontecimientos políticos, científicos, sociales, chistes y hasta chismes, donde siempre aparecía la música como la protagonista de la historia para luego desaparecer mientras nos trasladaba a todos a otra época y lugar, facilitando la manera de asimilar tanta sabiduría hasta el punto que terminaba rodeado de muchas personas que se deleitaban con sus historias. 

Así se iban las horas en medio de unos tintos por la tarde y aguardientes inolvidables en la noche, en la tienda de Emilio, al frente de la Coral Tomás Luis de Victoria, institución que el maestro Rodolfo fundó.

Aprendí de él su amor absoluto por la música; me inspiró a ver y sentir la música de una manera distinta y a entender la importancia de la educación musical; me dedicó años, me acompañó en la aventura de Amadeus y luego en muchos programas que realizamos a través de los años, de los que él hace parte, como fundamento e inspiración.

No puedo aceptar créditos por obras o programas sin reconocer que todo el imaginario tiene la visión del maestro Rodolfo, todo lo consulté con él y siempre me acompañó.

Al escuchar al maestro con esa sencillez, sabiduría y hablar descomplicado, me di cuenta que esa era la primera lección que teníamos que aplicar para difundir la música y abrir espacios nuevos y cómodos donde la gente pudiera disfrutarla antes de aprender sobre ella, entonces creamos juntos las Charlas de Apreciación Musical que realizábamos en Amadeus y más adelante las llevamos a los barrios Aranjuez y Castilla. Luego creamos el Momento de la Música, un video concierto al aire libre donde se aplicaba esa misma temática del maestro para enseñar a disfrutar la música.

Más adelante implementamos esa misma sencillez a la educación musical para acercar a los niños y jóvenes a la música clásica. Creamos la Red de Escuelas de Música de Medellín simplificando la enseñanza y llevando este tesoro a los barrios más vulnerables de la ciudad. De allí surgieron orquestas sinfónicas y coros y por supuesto, gozamos de su aprobación y entusiasmo.

Es mi maestro en muchos aspectos, mi mentor, mi amigo fiel y comprometido, cuando nos vemos hablamos sin parar, volvemos a esos viejos tiempos, como si el tiempo no hubiera pasado.  

No sabe el maestro cuánto lo quiero, lo valoro, lo admiro y respeto, y cuán orgulloso me siento de contar siempre con su amistad, su consejo y todas las enseñanzas que en el tiempo apliqué a mi trabajo.

Dios lo bendiga por siempre, maestro Rodolfo Pérez.   

 

 

Amadeus 31 años

Amadeus, aniversario 31

Amadeus, 31 años

Tradicionalmente no hacemos celebraciones para estos cumpleaños, pero en esta ocasión vale la pena hacer un alto en el camino y reflexionar sobre lo que ha sido esta larga jornada en un quehacer permanente y en una lucha constante por sacar adelante nuestros ideales.

No es la ocasión para mencionar todo lo que hemos hecho, en otros documentos se registran esos hechos. Hoy quisiera referirme al sentido profundo y al propósito que le da vida a nuestra Institución, al privilegio que hemos tenido a lo largo de estos años de trabajar con tantos chicos, tocar sus vidas y servir directa o indirectamente para que ellos puedan ver un panorama distinto frente a sus vidas, para que puedan crear y soñar en un mundo que se comienza a despejar ante ellos en la medida en la que van adquiriendo fortaleza y confianza en sí mismos, en la manera en la que van dando sus pasos con fe y convicción.

Somos un grupo humano lleno de amor, con voluntad de servicio, convicción y movidos diariamente por esos mensajes constantes y esas experiencias maravillosas de miles de estudiantes que se manifiestan y concluyen que esa infancia y juventud en Amadeus, fue la mejor para ellos y la que sentó las bases para las decisiones que han tomado en sus vidas.

Recibimos tanto afecto, tantos recuerdos, tanta gratitud que salimos corriendo a buscar maneras de mantenernos en la tarea, de tocar más vidas, de llegar a más niños y jóvenes para ayudar a borrar un poco la línea de injusticia, de abuso, de abandono, de pobreza, de olvido.

Los que actuamos detrás de la imagen de la Institución, los cientos de colaboradores que por todos estos años han pasado por las filas y han hecho sus grandes aportes, siempre desinteresados; los que se han ido a ese cielo ganado con creces; los que persisten en la tarea y los muchos que faltan por llegar a continuar la labor, a todos queremos llegar con un abrazo que les entregue, de corazón, una gratitud sin fin.

Ninguno de sus esfuerzos fue en vano, ninguno de sus detalles pasó desapercibido, todo ayudó en la construcción del sueño, de la misión, de la filosofía. A los que faltan por llegar, gracias por encontrar en nuestra labor una tribuna adecuada para su bondad.

A cada niño o niña que ha depositado su ingenuidad e inocencia en nuestras manos y que ha hecho de nuestra casa su hogar; a los que encontraron en nuestro abrazo afecto, cariño y bondad; a todos los que nos han acogido con amor en sus corazones y nos han regalado un lugar eterno en ellos, a todos y cada uno, una gratitud sin fin, porque nos han hecho los más privilegiados al haber compartido esta vida con ustedes y nos hacen imaginar y crear constantemente para mantener una experiencia en Amadeus que sea digna de sus expectativas y de sus sueños.        

La huella en tu corazón y en el nuestro será siempre un rincón lleno de recuerdos, de luces y de afecto, un rincón para volver a los principios y a lo que le dio verdadero sentido a nuestras vidas.

Esa huella en nuestros corazones es el lugar del Siempre Juntos, desde donde comienza la historia sin fin.​

 

 

Bienvenida al maestro José Antonio Abreu

Sentido homenaje al maestro José Antonio Abreu

Sentido homenaje al maestro José Antonio Abreu

Habíamos registrado con dolor el fallecimiento del maestro José Antonio Abreu en las  redes sociales de Amadeus, hoy queremos recordarlo desde esta columna. Es una pérdida muy grande para el continente, para la música, para los niños y jóvenes y para miles de instituciones que nos inspiramos en su obra gigantesca con el objetivo de construir programas dejando atrás los mitos y esquemas arcaicos que impidieron tanto desarrollo en el campo de la música instrumental y sinfónica.

El maestro Abreu fue un gran amigo de nuestro programa y nos aportó sin medida para que sacáramos adelante ese sueño de niños en la música sinfónica de manera masiva. Nos apoyó de todas las maneras posibles, fue consejero, nos representó ante grandes entidades, nos admiraba y nos quería con un cariño muy especial. Fue una luz, un faro que orientó muchas obras musicales tanto en Venezuela como en el continente y en el mundo.

Lo conocí después de haber creado la Red de Escuelas de Música en Medellín, había escuchado sobre su programa en Venezuela y por medios diplomáticos logré contactarlo en el año 1997. Me recibió con una gran amabilidad, hablamos un par de horas y me invitó a un concierto esa noche de la Orquesta Juvenil de El Sistema.

Antes del concierto dio un saludo y habló de nuestro programa en Medellín, advirtiendo que iba en la dirección correcta y que tendría un gran futuro. Cuando comenzó el concierto me quedé de una pieza con la calidad sonora, la afinación, el detalle en los pasajes difíciles y la energía de la orquesta. Lo más fascinante fue ver que los jóvenes no pasaban de los 16 o 18 años. Allí decidí que ese era el modelo para las orquestas infantiles y juveniles que estábamos por comenzar.

Desde ese momento la comunicación fue permanente, su apoyo con grupos de maestros que venían a hacer talleres fue un impulso definitivo para nosotros, todos orientados por el maestro y amigo Rubén Cova, un hermano venezolano que se echó nuestro programa al hombro desde el principio.

De la mano del maestro Abreu nos unimos a varias actividades e interacción con otros programas de la región andina; tuvimos intercambios, visitas y encuentros con una amplia participación de nuestros estudiantes. También gozamos de su presencia en Medellín donde lo recibimos con cientos en Orquestas y Coros, todos inspirados en su obra maravillosa.

Guardamos un recuerdo, gratitud y reconocimiento inmenso por el maestro Abreu, seguro el cielo se puso feliz con su llegada para el descanso eterno. Nuestro trabajo lo llevará siempre presente en cada paso y en cada logro.

Gracias maestro Abreu… ¡Siempre Juntos!

 

 

Sigamos Siempre Juntos

¡Sigamos Siempre Juntos!

Tal vez hayas seguido con la música, tal vez no. Tal vez estés muy lejos o inclusive cerca, pero no nos vemos, pareciera que nos olvidamos, que el tiempo pasó y se llevó los recuerdos. Todo lo que sucedió en esa época fue mucho más que una anécdota y tu participación en el Programa no fue pequeña o insignificante.

Donde quiera que estés te recordamos y extrañamos tu recuerdo. Tal vez no estuviste en los viajes, no tocaste en los conciertos, pero el lugar que tenías en Amadeus lo ocupaste, es tuyo y lo seguirá siendo para siempre.

Fuiste parte de la construcción, eres parte de los cimientos y las columnas que sostienen lo que somos y por eso es imborrable, es imposible de cambiar. Lo más lindo es que una cantidad gigantesca de niños y jóvenes anónimos  creyeron que solo habían pasado por ahí, pero dejaron su huella, nos acompañaron y ayudaron a hacerlo todo realidad.

El recordar nos da la oportunidad de agradecerle a Dios y a la vida todas las oportunidades y experiencias que nos ha brindado en el camino y que hacen parte del hoy y de nuestra historia personal.

Yo agradezco haberte conocido y haber compartido contigo, como haya sido, de cerca o de lejos, te aseguro que eres parte de mi mejor recuerdo y nada me haría más feliz que volverte a ver, saber de ti, no dejar pasar el tiempo sin que nos volvamos a conectar con tu niñez, tu juventud, tu presente, tu futuro.

Allá, donde estés, regálanos tu recuerdo; cada que puedas tómate 5 segundos, cierra los ojos, respira profundo y vuelve a tu escuela, a tu barrio, a tu banda, orquesta, coro; escucha los sonidos de tu obra favorita; recuerda el cansancio, el hambre, los instrumentos baratos, las condiciones precarias y los momentos que compartimos.

Sencillamente recuerda un momento, siente otra vez que Estamos Juntos al Recordar.

…Siempre Juntos.

Juangui

 

¿Escuelas de música o tunas? Anécdotas de la Red

¿Escuelas de música o tunas?

Anécdotas de la Red

En los inicios de los trámites para conformar la Red de Escuelas de Música de Medellín hubo algunos sucesos interesantes. Como se podrán imaginar, era una época de cambios y adaptaciones, los trámites eran en unos casos políticos, en otros administrativos.

Era necesario convencer a dirigentes, a funcionarios públicos y había que conseguir respaldos de otras instituciones. Todo era, en general, muy complejo dado que se trataba de un programa nuevo. Nadie entendía el tema, la música clásica no llamaba la atención, los violines no eran populares ni tampoco daban votos, todo lo contrario, requerían de un presupuesto. De verdad, era como vender hojaldras en el desierto.

Entre los miles de sucesos, que poco a poco les iré contando, un día, varios funcionarios organizaron una reunión privada para llegar a un consenso sobre las Escuelas de Música que yo proponía. Aunque sabían que ya se había acordado todo con el alcalde, el propósito era analizar otras alternativas, tomar una decisión entre ellos y luego volver a hablar con el alcalde para hacerlo cambiar de opinión. Obviamente yo no estaba invitado a este encuentro pero algunos de los dirigentes se ocuparon de informarme y me sugirieron asistir porque, pues, esa era mi iniciativa.

¡Qué gran sorpresa! Los anfitriones no me esperaban pero me colé, me puse colorado, saludé y me senté. Hablamos de la importancia del programa que yo proponía y la trascendencia que iba a tener en el tiempo, hasta que el principal habló y me dijo con voz amable y total convicción:

Señor Ocampo, su programa es espectacular e innovador. ¿Se imagina crear escuelas de música en los barrios y llenar la ciudad de orquestas sinfónicas juveniles? ¡Es una locura genial! Sin embargo es muy costosa y difícil de implementar, además serían 26 escuelas para empezar y Medellín tiene 280 barrios. ¿Cómo le parece esta idea que hemos contemplado los aquí presentes? ¿Qué tal si en vez de un programa tan pequeño de solo 26 escuelas y además tan costoso, le regalamos mejor una tuna a cada uno de los 280 barrios? Así cubrimos más barrios y las tunas no valen tanta plata, con el mismo presupuesto llegamos a los 280 barrios.

Hubo un silencio largo. No solo estaba pensando, simplemente no me salían las palabras, el mundo se me cayó encima. Las ideas brillantes de este genio iban a acabar un programa que no había nacido aún. Mientras todos me miraban, algunos sonreían, a otros les parecía una idea genial; todos buscaban mi aprobación, me moría allí delante de todos y no se daban cuenta.

Finalmente expresé mi aprecio y respeto por las tunas. Hice alusión a lo populares que eran en los colegios de esa época, pero hice énfasis también en que no eran programas de formación musical como lo exigían los instrumentos sinfónicos y la música clásica. Además, el programa comenzaría en 26 barrios y la idea era crecerlo y expandirlo hacia toda la ciudad.

No sabía en realidad qué estaba diciendo, pero no podía creer que alguien por el afán de ser brillante se pudiera atravesar en la historia y con su poder tomar una decisión que le hubiera negado a la ciudad, a sus niños y jóvenes, tantas experiencias vividas hoy, 22 años después, y las que aún están por vivir las nuevas generaciones.

Juangui

 

Lleva una causa en tu corazón

Lleva una causa en tu corazón

Solo tratar de sacar adelante tu proyecto de vida parece suficiente para tener las manos llenas. En realidad, te debes primero a ti mismo, tú eres tu mayor obligación y en ese proyecto no puedes desfallecer. Puedes fallar, intentarlo de nuevo muchas veces, pero nunca desfallecer.

En nuestra naturaleza existe la necesidad de ser parte de algo, de debernos a algo que nos motive, que nos inspire, que nos dé la sensación del deber cumplido o la convicción de ser parte de la solución y no parte del problema.

¿Qué te sensibiliza? ¿Qué actividad te mueve? ¿A qué te gustaría pertenecer? Piensa dónde puedes aportar unas horas, hacer alguna actividad o mejor aún, contribuir a que una actividad se lleve a cabo.

¿Tal vez pueda ser algo que impacte positivamente la vida de niños y jóvenes? ¿Has imaginado trabajar para los enfermos, ancianos o comunidades menos privilegiadas? Quizás en algún momento de tu vida has pensado que te gustaría liderar un propósito o, por ejemplo, pertenecer a una institución de ayuda humanitaria, o has soñado con llevar arte o cultura a regiones alejadas, enlistarte en un equipo médico, periodístico o de ingenieros. Es decir, hay tantas necesidades y tantas oportunidades allá afuera en las que puedes contribuir…

No es solo el bien que aportas con tu ayuda y tu servicio desinteresado, es lo bien y completo que te sientes cuando le sirves a los demás, cuando tocas vidas y contribuyes al bienestar de otros, a su despertar, a su alegría. Sentir que ayudas a poner luz, llamitas de esperanza en esas personas que más lo necesitan.

No te niegues nunca esta experiencia de vida, tus logros personales nunca te darán la genuina satisfacción de saber, en tu interior, que hiciste parte de algo que benefició a muchos, o inclusive, a una sola persona, no importa, eso no cambia nada, tu realización será igual.

No esperes agradecimientos o recompensas, hazlo por convicción, pon en todos tus gestos todo el amor que quepa en tu corazón. Solo cuando das eres feliz y esa felicidad no se compara con aquella que logras cuando recibes; es una felicidad plena que solo se experimenta sirviendo, allí se encuentra el profundo sentido de lo humano.

Lleva siempre una causa en tu corazón. Fija ese propósito en tu agenda de actividades a lo largo de tu vida para que le des más sentido a lo que vives, para que te alejes por minutos o por días de la carrera desenfrenada del mundo en el que vivimos y te reconectes con lo natural y lo humano. Vuelve a casa, donde todo comenzó. Vuelve a lo simple, a lo sencillo, a lo real.

No te pierdas esta oportunidad y no esperes a que toque a tu puerta. Comienza a pensar en qué te gustaría involucrarte y cómo. Comienza a construir un camino que te permita servir, empezarás a comprender muchas cosas que antes no te habían pasado por la mente.  

Juangui

La rutina es una mala amiga y consejera

La rutina es una mala amiga y consejera

Entrar en una rutina es de lo más fácil que hay. Al principio nos da la sensación de que tenemos todo organizado y que lo manejamos muy bien, pero esa alegría poco a poco se va convirtiendo en algo tedioso, pesado e interminable. De repente, en un tiempo, empiezas a sentir que todas esas actividades que antes veías con tanto anhelo se van convirtiendo en un encierro; ya no las controlas, ellas te controlan a ti.

Entonces aparecen dos opciones: (1) hacer lo que amas, (2) amar lo que haces.

¿Estás haciendo lo que amas? Si la respuesta es no, ¿cuándo lo dejaste de amar?, ¿qué pasó?, ¿quién abandonó a quién?, ¿era solo un amor de momento o un amor real?

¿Amas lo que haces? o, ¿lo haces por cumplir?, ¿no te gusta en lo absoluto?, ¿no tienes otra alternativa?

En cualquier caso, la decisión es tuya y de nadie más. Si no haces lo que amas entonces debes amar lo que haces o de otra manera la vida va a ser muy difícil. Recuerda, nadie se va a encargar de hacerte la vida más fácil, eso no va a pasar y si pasara, sería solo momentáneo. Tu vida es tu responsabilidad, depender de otros para estar bien y ser feliz es un error que la vida te va a cobrar muy caro con el tiempo.

Toma cartas en el asunto, asume tu responsabilidad, ¡sé feliz! Abandona las rutinas, búscalas todas en tu closet, debajo de la cama, del escritorio, detrás del atril. Mételas en una caja, ciérrala y tírala por la ventana. Esto incluye relaciones tóxicas y que no aportan nada a tu vida. Desde hoy comienza a ser diferente, alegre, apasionado y atento a la belleza de la vida, expresada en tantos detalles.

Abraza hoy tu instrumento, tu carrera, actividad o profesión, con el cariño de antes, con gratitud y con reconocimiento. Tu convertiste todo en rutina y espantaste el amor, el color y la belleza. ¡Sacúdete! La rutina no tiene nada que ver, es otra creación de tu mente para robarte la alegría, ¡no le comas cuento!

Ama lo que haces hasta que puedas hacer lo que amas, porque se trata de ser feliz en cualquiera de esos dos espacios.

Aprovecha cada día, ponle todo tu amor, espanta las malas energías, asume tu vida con valentía y coraje. Dale gracias a Dios en cada minuto.

Acepta todo tal y como es. No te olvides nunca que todo lo que pasa es lo mejor.

Juangui

No hay que triunfar para llegar muy lejos

No hay que triunfar para llegar muy lejos

Nos presiona el medio, las circunstancias y los acondicionamientos que han puesto sus reglas para tomarse el derecho a ponerle pautas a nuestra vida y decirnos cómo debemos vivir y qué debemos hacer; cómo debemos actuar para ser aceptados, para ser calificados, validados, para legitimar lo que hacemos. Nos ponen solo a pensar entre el éxito y el fracaso, entre el triunfo y la descalificación.

Es verdad que algunos han llegado muy lejos, han alcanzado metas merecedoras de nuestro reconocimiento y se posicionan allá en el estrellato. Nos gustaría seguirlos, alcanzarlos, mejorarlos si fuera posible, no porque sea un deseo o propósito nuestro, sino porque es una condición impuesta por todo lo que nos rodea. Es una condición que no has elegido tú ni te tuvieron en cuenta para imponértela.

Camina a tu paso, llega allá cuando puedas llegar; llega de último y si fueras el primero, no cruces la meta, cede el lugar a alguien que lo necesite; no te dejes empujar al abismo de las condiciones, al patio de las torturas, porque estarás obedeciendo a alguien que ni conoces y ni le importas. Estarás abandonando a alguien que está dispuesto a hacerlo todo contigo, ese alguien eres tú, no los demás.

No temas a las críticas, a las risas o a los señalamientos; salte de la fila de esos que dejaron de pensar y de soñar solo por alcanzar una meta o un triunfo, para recibir la aceptación y el reconocimiento de gente que no hace parte de tu vida, ni hará nada por ti cuando fracases.

Camina lento pero seguro; recoge tus sueños y tus ilusiones, échate al hombro ese morral para cargarlo a través del desierto, no lo abandones. No te sientes ni lo pienses; no renuncies ni te canses; camina, solo camina, porque solo caminando es que puedes llegar; no importa a donde; no importa cuando; lo importante es seguir caminando y llegar cuando haya que llegar.

Juangui